La mitad que soy

Estoy hecha

de la mitad

de lo que tú eres,

te busco

en todas partes

y te encuentro

en todas ellas,

de la reminiscencia

que deja

la risa

entre dos,

del lenguaje creado

por esas miradas

sin filtro,

tú con todas mis fuerzas,

tú con todas mis ganas,

la cura de un sentimiento,

la contemplación de una emoción,

la palabra aún no escrita,

te quiero

cuando estás lejos,

eres el cielo

que se asoma

a través de mis pupilas;

te siento

y me desordenas.

La distancia

nos coloca

más cerca,

nuestras miradas

volverán a brillar

y te contaré

secretos

mientras dormimos.

Esperanza

Pronto las ventanas se abrirán de par en par. Las puertas no estarán cerradas más. Los niños saldrán a jugar. Volveremos a reír con nuestros amigos. Yo te amaré por las noches. El mar hará lo suyo y lo dejaremos renacer. Andaremos y saciaremos nuestras ganas de vivir el presente, como hace mucho no lo hacíamos. Daremos abrazos más largos. Y los besos, serán distintos. Donaremos libros. Los hospitales volverán a la normalidad. Nuestras calles, también. Dormir no volverá a sentirse ni a pronunciarse de la misma manera. Esta vez, haremos mejor las cosas. Pensaremos mejor, actuaremos mejor. El viento ha soplado muy fuerte pero estaremos bien.

El cielo del anochecer

Tú me llevas
a lugares
que creía conocer,
atravesamos túneles
llenos de luz,
las formas de expresión
las cuelgo
por todas partes
porque ya no me alcanzan,
en mis sueños
cruzamos lagos,
ríos y bosques,
en las noches
el cielo
repleto de estrellas
nos recuerda
la fugacidad.
Tú me tomas
por el cuello,
llevas tu boca
a mi frente
y me das un beso;
ya me has dicho todo.

El último día que te vi

El tiempo asomado
en la ventanilla del avión,
la música escapando
en mi rostro
somnoliento,
las palabras incomprendidas,
los edificios grisáceos,
el olor a pan,
las cafeterías
que recorrían
el cuerpo entero
de mis libros,
los montes,
los túneles,
la lluvia,
la nostalgia,
tú llorando
en algún parque,
yo cumpliendo sueños,
las paredes blancas
con letras,
personas leyendo,
el reloj,
los sabores
recorriéndome la boca
urgidos,
un recuerdo tuyo,
los cuadros,
las esculturas,
los jardines,
tú sentada
mirando a la gente caminar,
el frío rozándome
los párpados,
el vagón,
la espera,
mis manos postradas
en la cerveza
de aquel bar,
tú susurrándome al oído
a nueve mil kilómetros
de ahí,
también tocabas
mi entrepierna
mientras yo sonreía,
el río,
las iglesias,
los museos,
no tengo tus labios,
la tarde
de vino tinto,
ese barrio,
las calles
conversando con el arte
de aquellos pintores,
yo te abrazaba.

El ruido,
el tráfico,
la distancia,
trece de noviembre,
te beso
por enésima vez
para siempre.

La avenida principal

La ausencia

recorre los despiadados caminos

de la tristeza,

se enmaraña en las sábanas

que producen el maldito desvelo

de no tenerte,

es verdad que caminamos solos

pero cuando camino a un lado tuyo

me encuentro

y nos tengo,

eres todas las flores

que no se pueden evitar mirar

justo detrás de la avenida principal,

y estallas en mil colores

cuando estoy en ti.

La ausencia

es una forma de odiar el tiempo,

de querer callarlo

a medida que avanza.

Amor,

me estoy cansando

de tener que soportar

otro día más

en el que no estás.

Pronto llegará el autobús

que me hará

dejar de pensar

en el hueco tan profundo

que tengo a un lado mío

todos los días.

Y ya no lo soporto.

Ausencia

La ausencia de tu boca

es breve,

mis manos entre mariposas

señalan el viento

que ha de llegar hasta ti,

la sala de espera

está colocado entre mi ombligo

y la sonrisa que guardo para ti,

la parte que me falta

la tienes tú.